De Franco a Trujillo: los republicanos españoles que escaparon de una dictadura a otra aún más cruenta.

Rafael Leónidas Trujillo, dictador de República Dominicana desde 1930, se encontraba en el punto de mira internacional tras la matanza del río Dajabón, donde había terminado con la vida de miles de haitianos.

Portada de La Vanguardia Española sobre la segunda visita de Trujillo a España

El gobierno estadounidense, presidido por Lyndon Johnson, comenzaba a recelar de aquel tirano por sus métodos brutales y, con el fin de vencer dicha oposición, Trujillo emprendió una serie de acciones destinadas a mejorar su imagen internacional.

La Conferencia de Evian le ofreció una oportunidad sin igual para demostrar una benevolencia inexistente, ofreciéndose a acoger a miles de refugiados judíos en las fronteras del lado este de Quisqueya.

Por otro lado, y mediante la intervención de Fernando de los Ríos, ex ministro de Azaña en la Segunda República Española, el dictador dominicano ofreció refugio a más de cinco mil republicanos españoles que, partiendo del puerto de Burdeos, se instalaron en el país dominicano entre finales de 1939 y 1940.

¿Cómo un dictador del perfil de Trujillo se atrevió a acoger en su país a tal número de republicanos provenientes de todas las vertientes políticas opuestas a sus propios principios?

La razón la encontramos, aparte de en la ya citada Conferencia de Evian, en el interés racial de la campaña pues, haciendo alarde de un feroz racismo, Trujillo trató de blanquear la raza dominicana de todas las formas imaginables, promoviendo la descendencia entre los recién llegados y la población nativa.

Durante algunos años, los republicanos españoles, llegados gracias a los barcos fletados por JARE y SERE, desarrollaban sus labores profesionales en torno a la Universidad Autónoma de Santo Domingo, ocupando cátedras, como fue el caso de Vicente Llorens o Constancio Bernaldo de Quirós, y realizando profundas labores de investigación y documentación que contribuyeron de forma destacada en el crecimiento cultural dominicano de la primera mitad de la década de los años cuarenta.

Sin embargo, el fin de la Segunda Guerra Mundial y la definitiva implantación del comunismo como el nuevo enemigo a batir por las sucesivas administraciones estadounidenses, permitió a Trujillo volver a mostrar su verdadero rostro, obligando, con su hostigamiento y represión, a la emigración a Méjico y Venezuela de aquellos republicanos españoles que antaño fueron recibidos con pleitesía.

El Alcázar de Toledo

La ciudad de Toledo ocupa un espacio central de la novela El sueño del refugiado, pues Benito, uno de los personajes protagonistas, es natural de la misma y testigo de la toma del Alcázar por parte del bando sublevado, hecho de escaso valor estratégico en el desarrollo de la Guerra Civil española, pero que constituyó, sin duda alguna, un referente propagandístico que se ha convertido en uno de los hitos del global de la contienda.

Alcazar de Toledo 1930
Vista del Alcázar en 1930

La silueta de la ciudad imperial ha estado marcada durante siglos por las cuatro torres que flanquean la construcción defensiva, que acompañan a la prominente torre gótica de la Catedral de Toledo, algo que puede apreciarse con meridiana claridad en la foto que acompaña a este texto, perteneciente al archivo de Luis García Garrabella

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Calle El Conde, Santo Domingo

Gran parte de la novela histórica El sueño del refugiado se desarrolla en la capital de República Dominicana, llamada Santo Domingo antes y después de la dictadura, pero cuyo nombre varió desde enero de 1936 hasta el año 1961, siendo conocida como Ciudad Trujillo.

La calle El Conde, una de las principales arterias de la zona colonial de Santo Domingo, tiene una destacada presencia en el libro, pues la gran mayoría de los protagonistas del mismo transitan por ella en algún momento del mismo.

Calle del Conde Ciudad Trujillo
Calle de El Conde, 1930

Sin embargo, el aspecto colonial que le aportan los elegantes edificios que se aprecian en la imagen dista en demasía de la realidad actual de esta calle, rodeada por infames almacenes de productos de toda índole y tiendas de recuerdos, desde las que los vendedores acosas a los transeúntes.

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