El exilio republicano en tres novelas clave

Novelas históricas sobre el exilio ambientadas en República Dominicana

Fueron miles los españoles que se vieron obligados a abandonar su patria durante el exilio republicano posterior a la Guerra Civil española. México, Francia y Rusia fueron los principales países en acoger a estos refugiados, pero no los únicos. La diáspora alcanzó, además, otros lugares como Venezuela, Argentina o República Dominicana.

Existen varias obras que reflejan a la perfección, y desde diferentes ángulos, la llegada de los españoles al Caribe. En este artículo os presento tres de las principales.

Al comienzo de la fase documentación para la redacción de mi novela histórica, El sueño del Refugiado, todas ellas constituyeron una referencia para contextuar ciertas situaciones.

1. La Tierra Dormida, de Joaquín María Barrero

La Tierra Dormida trata sobre los trabajadores agrícolas en las colonias

En primer lugar, destaco a uno de mis escritores actuales predilectos.

En esta novela, el detective Corazón Rodríguez presencia un intento de asesinato, cuya clave para la resolución se halla cincuenta años atrás, cuando dos hermanos asturianos se incorporan a las colonias agrícolas organizadas por Trujillo en República Dominicana, con el fin de implantar técnicas modernas de trabajo entre la población local y, principalmente, conseguir un blanqueo racial.

Es cierto que no trata de los exiliados puros, pero lo incluyo ya que los emigrantes españoles de los cincuenta, especialmente en algunas zonas del país, padecieron los efectos secundarios de la dictadura. La ideología republicana de sus padres les condenó a la pobreza y la desesperanza.

2. Galíndez, de Manuel Vázquez Montalbán

Probablemente el exiliado republicano más reconocido

Pocas figuras tan relevantes en el exilio como lo fue la de Jesús Galíndez. Vázquez Montalbán relata en esta novela, con la que consiguió el Premio Nacional de Narrativa en 1991, la historia de este ciudadano vasco, integrante del PNV que ocupó cargos de responsabilidad en el gobierno de la II República.

Fue acusado de colaboración con las agencias de inteligencia estadounidenses. Su figura marcó el inicio del fin de la dictadura de Trujillo y, probablemente, colocó al régimen del dictador dominicano en el punto de mira de Estados Unidos.

3. Las Antípodas, de María Ginestá

La historia de una de las exiliadas republicanas más transcendentes

María Ginestá, autora del libro y protagonista de la foto que ocupa la portada, fue una militante del Partido Comunista. Junto a sus padres y su pareja, tuvo que exiliarse a Francia tras la finalización de la contienda.

Posteriormente, embarcados con destino a México, su destino final fue República Dominicana, donde convivieron en los años más prolíficos de los exiliados españoles en Quisqueya.

La novela trata finalmente sobre su época en Ciudad Trujillo, el papel del exilio republicano en la capital dominicana y las primeras revueltas contra el gobierno del tirano.

De Franco a Trujillo: los republicanos españoles que escaparon de una dictadura a otra aún más cruenta.

Rafael Leónidas Trujillo, dictador de República Dominicana desde 1930, se encontraba en el punto de mira internacional tras la matanza del río Dajabón, donde había terminado con la vida de miles de haitianos.

Portada de La Vanguardia Española sobre la segunda visita de Trujillo a España

El gobierno estadounidense, presidido por Lyndon Johnson, comenzaba a recelar de aquel tirano por sus métodos brutales y, con el fin de vencer dicha oposición, Trujillo emprendió una serie de acciones destinadas a mejorar su imagen internacional.

La Conferencia de Evian le ofreció una oportunidad sin igual para demostrar una benevolencia inexistente, ofreciéndose a acoger a miles de refugiados judíos en las fronteras del lado este de Quisqueya.

Por otro lado, y mediante la intervención de Fernando de los Ríos, ex ministro de Azaña en la Segunda República Española, el dictador dominicano ofreció refugio a más de cinco mil republicanos españoles que, partiendo del puerto de Burdeos, se instalaron en el país dominicano entre finales de 1939 y 1940.

¿Cómo un dictador del perfil de Trujillo se atrevió a acoger en su país a tal número de republicanos provenientes de todas las vertientes políticas opuestas a sus propios principios?

La razón la encontramos, aparte de en la ya citada Conferencia de Evian, en el interés racial de la campaña pues, haciendo alarde de un feroz racismo, Trujillo trató de blanquear la raza dominicana de todas las formas imaginables, promoviendo la descendencia entre los recién llegados y la población nativa.

Durante algunos años, los republicanos españoles, llegados gracias a los barcos fletados por JARE y SERE, desarrollaban sus labores profesionales en torno a la Universidad Autónoma de Santo Domingo, ocupando cátedras, como fue el caso de Vicente Llorens o Constancio Bernaldo de Quirós, y realizando profundas labores de investigación y documentación que contribuyeron de forma destacada en el crecimiento cultural dominicano de la primera mitad de la década de los años cuarenta.

Sin embargo, el fin de la Segunda Guerra Mundial y la definitiva implantación del comunismo como el nuevo enemigo a batir por las sucesivas administraciones estadounidenses, permitió a Trujillo volver a mostrar su verdadero rostro, obligando, con su hostigamiento y represión, a la emigración a Méjico y Venezuela de aquellos republicanos españoles que antaño fueron recibidos con pleitesía.

El Alcázar de Toledo

La ciudad de Toledo ocupa un espacio central de la novela El sueño del refugiado, pues Benito, uno de los personajes protagonistas, es natural de la misma y testigo de la toma del Alcázar por parte del bando sublevado, hecho de escaso valor estratégico en el desarrollo de la Guerra Civil española, pero que constituyó, sin duda alguna, un referente propagandístico que se ha convertido en uno de los hitos del global de la contienda.

Alcazar de Toledo 1930
Vista del Alcázar en 1930

La silueta de la ciudad imperial ha estado marcada durante siglos por las cuatro torres que flanquean la construcción defensiva, que acompañan a la prominente torre gótica de la Catedral de Toledo, algo que puede apreciarse con meridiana claridad en la foto que acompaña a este texto, perteneciente al archivo de Luis García Garrabella

Continuar leyendo «El Alcázar de Toledo»